Las monedas de los Reyes Católicos
En 1496 Isabel y Fernando concluyen la conquista de las islas Canarias, marcando el final de una era. Una larga campaña que incorpora a la corona de Castilla el dominio de las islas. Las islas realengas (Gran Canaria, La Palma y Tenerife), junto a las de señorío (Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro) se van incorporando al nuevo concepto de economía, sustentado con unas monedas, siempre escasas en el territorio. Los antiguos canarios no conocían el metal, por tanto, eran ajenos al diario menudeo basado en la moneda. La comunididad que se instala en las islas era una vecindad variopinta, compuesta de gente de las más diversas procedencias, destacando, en el caso del Real de Las Palmas (actual Las Palmas de Gran Canaria) los italianos y portugueses. Convivían en las faltriqueras de estos moradores, monedas de Enrique IV, maravedís castellanos de diversas cecas, piezas portuguesas o plata sevillana. Tras la Pragmática de 1497, se establece el nuevo monetario de los Reyes Católicos, un hito que se prolongaría durante varios reinados, con emisiones póstumas, que se incorporaría poco a poco al diario menudeo isleño. Acuciados por el mal endémico de la escasez y la saca generalizada, los monarcas conceden licencia para la labra de monedas de vellón, exclusivas para Canarias, naciendo así la Numismática canaria, marcando diferencia entre las Monedas EN Canarias, es decir, aquellas que de una forma u otra acabaron circulando en las islas, y las Monedas DE Canarias, esas piezas concebidas exclusivamente para las islas .
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