Mapa interactivo de Canarias
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Si hemos de destacar una peculiaridad del monetario de Canarias, sin duda alguna, los múltiples resellos ocupan un lugar de honor, con sus numerosas variantes, que conforman un singular catálogo, hasta hace poco casi desconocido.
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Los resellos canarios nacen de una necesidad estructural: la escasez crónica de numerario menudo y la heterogeneidad de piezas que circulaban en el archipiélago entre los siglos XVI y XVIII. Ante la falta de moneda fraccionaria propia, las autoridades insulares recurrieron al resellado de piezas foráneas y peninsulares ya en circulación para darles curso legal local.
En Canarias, diversos factores concurrieron para desembocar en cada una de las operaciones de resellado que se realizaron, destacando:
• Ausencia de ceca en las islas: Durante décadas se solicitó la acuñación de una moneda propia canaria. Solo se importaba el circulante que se retiraba en la península, como en el caso de los medios reales de 1707, de Felipe V. El problema seguiría presente hasta que se hace difícilmente manejable a mediados del siglo XVIII.
• Falta de materia prima para las acuñaciones: Dadas las características geológicas del archipiélago, no se disponía de fuente metalífera que permitiera la producción propia, por lo que la creación de una ceca sería pura quimera.
• Escasez de numerario: Una de las constantes en las islas que forzó la introducción de piezas procedentes de distintos puntos, como ocurrió con el ceitil o con los cuartos de La Española.
• Abundancia de moneda viciada: Las monedas menudas de plata antiguas, las más utilizadas, sufrieron el cercén y limado, con una notable pérdida de peso, por lo que su valor intrínseco era claramente menor que el extrínseco.
• Falsificación: La introducción de moneda fementida desde otros países, se convirtió en práctica habitual, llevando a la economía al punto del colapso. Con la vana idea de depurar el circulante, se decidió marcar todas las piezas menudas de plata, retirando las monedas adulteradas, con un plan mal ideado y peor ejecutado.
El resello constituye una marca de autoridad destinada a validar la circulación y/o establecer un valor legal a una pieza, dentro del ámbito geográfico correspondiente.
El resello es una marca oficial, aplicada sobre una moneda, a fin de dotarla del valor y permiso para su incorporación al monetario local. En primer lugar, el resello debía tener el amparo de la autoridad competente, que diera licencia para su empleo, estableciendo el valor, fijado y ajustado con los criterios que en cada momento se consideraran oportunos. Debía, igualmente, ser inequívocamente reconocible, por todos y en cualquier circunstancia.
En Canarias, el resello aplicado sobre las monedas foráneas (básicamente cuartos dominicanos), le confería una nueva dimensión, arraigándola y convirtiéndola en una parte de la historia insular. Los elementos iconográficos elegidos para los hierros no pudieron ser más representativos, en lo que se refiere a las islas de La Palma y Gran Canaria. En ambos casos, los motivos elegidos fueron sendas palmeras.
Para la isla de Tenerife, el diseño quedó reflejado en las Actas del Cabildo, si bien pronto se percatarían de la candidez del diseño al constatarse que corrían gran número de piezas con falsos resellos. Se inició, al calor de verano de 1559, una vertiginosa carrera a fin de encontrar el tipo más apropiado a la vez que difícil de replicar por los falsarios. Así pues, se contemplan cuños con la representación de la figura de San Miguel Arcángel, hasta llegar al más complejo y elaborado de todos los aplicados en Canarias, con el herrete que incluye lo que se interpreta como la representación del Teide.
Los diferentes tipos de resellos irán evolucionando, presentando variantes, hasta llegar al siglo XVII, en el que, según postulamos, se realizaron varias operaciones, probablemente las más novedosas, las atribuidas a la isla de Lanzarote, posteriores a 1652, que combinan la representación de soles, estrellas o flores.
El siglo XVIII traería consigo una nueva operación de marcado, en este caso sobre las piezas de plata, las conocidas bambas. La imagen del poderoso león sería la figura elegida para este cuño, rodeado de una orla polilobular. Una marca que convulsionó las islas y que traería una marea de indignación, que constituyó el principio del fin de las monedas peculiares de las islas Canarias.
Para una mejor catalogación hemos establecido ocho tipos principales en que dividimos nuestro catálogo:
Dentro de cada tipo, podemos encontrar variantes significativas, que quedan incorporadas en nuestro catálogo mediante el empleo de la abreviatura correspondiente a su tipo, seguida de "#", y el número de variante asignado. Hemos obviado algunas variaciones menores, sin duda generadas por las roturas de los cuños.
→ Abrir Prontuario – Atlas visual con los 44 tipos/variantes
La clasificación se establece en base a cuatro criterios objetivos que permiten identificar cualquier resello del catálogo. Este apartado recupera íntegramente la información previa a las pills, combinada con el resumen actual.
La pieza base determina la cronología post quem: cornados y medias blancas de Enrique III (Sevilla) – base Y1; Blancas del Rombo de Enrique IV – base D9; Cuartos de Santo Domingo – base mayoritaria P, T, B6, L; Reales de plata mexicanos – base B1-B5; Medio patacón de Sebastián I – base H1.
Correspondencia en nuestro catálogo:
Las variantes se indican con # (ej. P1#1, B6#5, L2#1, B1#3b).
Nota metodológica: Cada resello se define por la combinación de estos cuatro criterios. Ej.: P1#1 = Vellón/cobre + Cuarto Santo Domingo Carlos V + Palma + 1559 Gran Canaria. Esta estructura es la que alimenta el Prontuario y las fichas individuales.
Cada tipo de resello catalogado lleva asociado un grado de certeza que indica la solidez de la evidencia disponible para su atribución geográfica, cronológica e iconográfica. Esta escala permite al investigador y coleccionista valorar rápidamente la fiabilidad de la clasificación.
Atribución respaldada por pruebas sólidas y verificables.
Existe documentación histórica o evidencia directa que respalda la atribución. Documentación directa, actas capitulares o evidencia arqueológica concluyente. Clasificación sin margen de duda razonable.
Atribución bien fundamentada, con alguna incertidumbre.
La clasificación está fundamentada en evidencias numismáticas, iconográficas o comparativas, aunque no exista confirmación documental directa. Evidencias consistentes en estilo, metal y distribución, pero sin documento directo que cierre totalmente la atribución.
Hay indicios favorables, pero la evidencia todavía no permite sostener una atribución firme. Hipótesis plausible, pendiente de confirmación.
Indicios razonables pero con dudas importantes. Existen hipótesis alternativas que aún no pueden descartarse.
Existen discrepancias, hipótesis alternativas o argumentos relevantes que cuestionan la clasificación. No hay pruebas suficientes para una atribución fiable.
Marca localizada sobre ejemplares con vinculación con el archipiélago, aunque descontextualizados o con lecturas contradictorias. Se mantiene en estudio a la espera de nuevos ejemplares o datos que permitan revisar su grado de certeza.
No hay pruebas suficientes para una atribución fiable.
Marca desconocida, parcial o mal conservada, sin contexto o con lecturas contradictorias. Se mantiene en catálogo para futuro estudio.
Uso en ficha: En cada ficha individual aparecerá descrito el grado de certeza de la clasificación del resello. El grado puede actualizarse a medida que aparezcan nuevas evidencias documentales, numismáticas o arqueológicas.